No olvido algo que siempre repetían los profesores en la certificación fotográfica: “Observen, deténganse a observar.”
Y justo eso nos pasó en este parque.
Comenzamos nuestra caminata disfrutando de los árboles enormes y decidimos hacerle una pequeña sesión de fotos a baby Leo. El primer lugar que escogimos tenía un tono de hojas que nos encantó, pero una abeja nos hizo salir de allí.
Así que caminamos un poco más, y empecé a notar cómo los rayos del sol jugaban entre los árboles, creando una luz increíble. Una escena que me habría perdido si no hubiera dado unos pasitos más observando los detalles.
Me encantó el resultado, sí, pero más me encantó tener inmortalizada la risa de mi bebé. Cada vez que veo las fotografías, su risa vuelve a mi mente: esa risa que nació cuando lo subí a mis hombros para jugar.
Ahora que soy mamá, aprecio más las fotografías.
Les he encontrado un nuevo valor, porque muchas tienen sonido.
Otras me despiertan sensaciones en la piel: alegría, nostalgia, incluso un poco de tristeza.
Y otras simplemente dejan plasmados esos momentos tan únicos y especiales que vivimos como familia.


