He encontrado un gusto por fotografiar las texturas de los lugares; siento que pueden llevarme a imaginar y explorar tantas ideas sobre ellos, y crear una versión de lo que pudo haber sido ese espacio. Sin duda alguna, las texturas de Antigua Guatemala son más que solo paredes agrietadas y desgastadas; son una huella de la Época Colonial.
Nos traen a la memoria toda esa historia aprendida sobre su construcción, los temblores, y me hacen pensar también en las manos que se animaron a volver a levantar estos lugares y preservarlos a pesar del tiempo. Hay puertas, ventanas y pasadizos que nos invitan a explorar aún más la historia y a enriquecernos con todo lo que alguna vez fue, sin dejar de lado ese tiempo de curiosear, de imaginar cómo pudo haber sido un día en la vida de las personas que recorrieron esos lugares.



